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Estas sabias y actuales palabras, son un corto fragmento tomado de Saulo de Tarso, mayormente conocido como San Pablo en su célebre Epístola a los Romanos (1,18-32).

Me ha llamado la atención este fragmento que más abajo mencionaré, debido a que encaja con precisión la mal llamada “modernidad” o era de la ciencia moderna o babilónica ya que en su sentido etimológico, la palabra Babel deriva del hebreo confundir que es lo contrario y opuesto al Amor (LEV en hebreo) que es lo único cierto y verdadero.

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La Torre de Babel(1563), de Pieter Brueghel el Viejo

Entiéndase como ciencia el conocimiento de las manifestaciones de lo Divino, es decir, de la Naturaleza  en su totalidad, y no como el homenaje al Hombre orgulloso y prepotente que actúa en desacuerdo con la Naturaleza y que hace alarde y se vanagloria de sus propios logros como si de algo divino se tratase, ya que si observamos en detalle, caminamos hoy día por sendas confusas y sobretodo, extraviados de nuestra propia naturaleza y verdad.

Pareciese ser que la ciencia lo abarca y conoce todo, que con ella estamos más seguros que nunca, lo cual es confuso, ya que cada vez somos más vulnerables y susceptibles  a toda enfermedad y sufrimiento. Aquel becerro de oro del cual hacemos gloria (la ciencia actual) es el falso Mesías del cual se ha hecho alarde en los libros sagrados y al cual hemos entregado nuestra fuerza, poder y potestad. Nos hemos olvidado de lo básico que cada ser humano debería saber y afirmar con certeza: QUIEN SOY? y todas aquellas preguntas que derivan de esta “simple” pregunta como por ejemplo cual es mi lugar, mi propósito, mi camino, etc…

Hipnotizados por el falso brillo de la ciencia seguimos como borregos una masa gigante e informe que avanza perdida hacia el abismo de la confusión, ya sea por falta de criterio propio (conocimiento) y de libertad para elegir conscientes (libre albedrío).

Esta reflexión se hace con el intento de exponer a la humanidad un espejo para el reconocimiento de nuestra fuerza y poder, y no un intento despiadado de juicio contra nosotros mismos.

¡Aquel que esté exento de mancha atrévase a lanzar la primera piedra!

 

Y dice San Pablo en su Epístola a los Romanos:

\…Y atontándose el hombre en sus razonamientos, oscurecióse su corazón, y alardeándose de sabios se hicieron necios y trocaron la gloria de lo eterno y verdadero por la semejanza de la imagen del hombre corruptible.

Por esto fuimos entregados a los deseos de nuestro corazón, a la impureza con que deshonramos nuestros cuerpos, pues cambiamos la verdad por la mentira y adoramos y servimos a la criatura en lugar del Creador. 

Y habiendo negado la Verdad en nuestro corazón cometimos torpezas, injusticia, malicia, avaricia y maldad; llenos de envidia, dados al homicidio, a contiendas, a engaños, a malignidad; chismosos o calumniadores, orgullosos, fanfarrones, inventores de maldades, insensatos, desleales, desamorados, despiadados; Aún siendo conscientes del daño que esto nos ocasiona, no sólo lo hacemos sino que celebramos y aplaudimos a quienes también lo hacen.

Oh Hombre! quienquiera que seas, tú que juzgas; pues en lo mismo que juzgas a otro a ti mismo te condenas, ya que haces eso mismo que condenas! \

por Daniel Andrés Ospina López