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La fundación de un templo o de cualquier otro edificio sagrado, como una ciudad, por ejemplo, comienza con la orientación; esta es, un rito, ya que establece una relación entre el orden cósmico y el orden terrestre, o entre el orden divino y el orden humano.

Según el Nânasâra – Shilpa – Shâstra, código antiguo de la arquitectura hindú, los fundamentos de un templo se orientan por medio de un gnomón (varita de hierro con que se señalan las horas en los relojes de sol) que permite trazar el eje este – oeste y, en consecuencia, el eje norte – sur; el cuadrado de base se dispondrá de acuerdo con estos ejes. Este mismo proceso lo indica Vitrubio para la fijación del cardo y el decumanus, los dos ejes según los cuales se orientaban las ciudades romanas.

Gnomón

Gnomón

Este esquema se perpetuó aparentemente en Occidente desde la antigüedad hasta el fin de la Edad Media. Pero había algo más importante, la dependencia del propio plano del edificio con respecto al gran círculo del gnomón: así lo demuestran numerosos trazados realizados en edificios sagrados de la antigüedad y la Edad Media, las principales medidas de la construcción, tanto en el plano horizontal como en el vertical, se deducen de la división regular de un círculo en el que se inscribe el rectángulo de base; y hay buenas razones para creer que el círculo no es otro que el del gnomón que servía para la orientación.

Bastante significativo es la transformación del círculo, reflejo natural del movimiento celeste, en el rectángulo por medio de la cruz de los ejes cardinales. Se reconocerán en estos tres elementos los términos de la Gran Triada extremo – oriental: el círculo que corresponde al cielo, la cruz que corresponde al hombre, y el rectángulo (cuya forma más simple es el cuadrado) que corresponde a la Tierra.

hombre de vitruvio

El hombre de Vitruvio, Leonardo da Vincci 1487

En el rito de la fundación del templo hindú, tal como es descrito en el Nânasâra – Shilpa – Shastra, el cuadrado de base o el “Espíritu del lugar” (vâstu – purusha) es imaginado como un hombre tendido de manera que su cabeza se encuentra en el lado del oriente, mientras que su mano derecha llega al ángulo sureste, su mano izquierda, al ángulo nordeste y sus dos pies, separados, a los ángulos suroeste y noroeste, así pues, está tendido de cara al suelo.

El centro de su cuerpo se supone que cubre el lugar central consagrado a Brahma. Según esta imágen, todo el templo no es otra cosa que el cuerpo de Purusha, el Espíritu universal.

Según los griegos, el templo cristiano es a imágen del cuerpo de Cristo. El plano de la iglesia imita la forma del cuerpo crucificado: el coro corresponde a la cabeza, la nave al cuerpo y el crucero a los dos brazos abiertos; el altar mayor se sitúa en el lugar del corazón. Si comparamos el simbolismo cristiano con el simbolismo hindú, se observará que la imágen del Cristo crucificado se identifica más claramente con la cruz de los ejes cardinales que determinan la posición del templo. Al igual que el templo es el cuerpo del Hombre divino, tambien el cuerpo del hombre que ha realizado en sí mismo la Presencia divina es un templo.

Quedan por decir algunas palabras sobre el significado interior y espiritual del rito de orientación, cuyas tres fases son los trazados respectivos del círculo, de la cruz de las direcciones cardinales y del cuadrado de base.

El círculo, que corresponde al movimiento celeste, expresa un principio relativamente dinámico; según la perspectiva terrestre, en efecto, la actividad principal del Cielo -o del Espíritu- se manifiesta mediante el movimiento; pero la regularidad de éste expresa la inmutabilidad del Acto Celestial. La inmovilidad corresponde, al lado pasivo, la Tierra. El cuadrado de base, que resulta de la diferenciación del círculo mediante la cruz de las direcciones cardinales, posee un aspecto de inmutabilidad principal.

Ensayos sobre el conocimiento sagrado, Titus Burckhardt