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Los Evangelios, y especialmente el de Juan nos hacen frecuentes alusiones a una oposición fundamental entre el Príncipe de este Mundo y el Reino de Dios predicado por Jesús. Pero es el profeta Mahoma quien nos da en un versículo del Korán toda la solución del problema del mal: “Ordenamos a los ángeles que adoran a Adán, y le adoraron. El orgulloso Eblis (Satán) se negó a obedecer y fue contado entre los infieles” (Korán I-32).

XV. Le Diable

Le Diable. Tarot de Marseille, XV

Engañado por la apariencia del barro con el que Adán había sido hecho, Satán rehusó el misterio de la Encarnación. Es por esto por lo que, después de la caída, se esfuerza por todos los medios en desviar a los hombres de la medicina de Salvación. Los desvía mediante los prodigios en verdad muy sorprendentes que éstos realizan bajo su inspiración y que en realidad no son más que un inmenso divertimento en el sentido pascaliano de la palabra.

Satán es un espíritu de ciencia muy sabio. No ignora que el saber humano es una poderosa ilusión que desvía a los hombres de la ciencia de Dios.

Es un médico reputado. Por otra parte, su medicina ha realizado tales progresos que hoy en día solo sabemos de ella y no buscamos ya la de Dios y de sus santos.

Es un gran teólogo, muy quisquilloso en cuestión de ortodoxia: sabe que es la mejor forma de separar a los hombres en sectas rivales y de dividir lo que Dios quiere unir.

Es un metafísico sutil: por ahí el espíritu se pierde en sus propios pensamientos, se separa de la tierra que lo alimenta y lo fija y se pierde en las nubes.

Propaga muy a propósito, entre los fieles, el miedo al diablo. sabe que este miedo desvía muy eficazmente de la búsqueda de los misterios a aquellos cuya fe está mal asentada.

Es un gran político, un diplomático, un estratega. Con el cebo de un poder ilusorio y puramente externo fundado en la violencia, sabe hacer olvidar a los hombres que habían sido concebidos para ejercer el Arte Regio.

Es un ardiente patriota. El término es, por lo demás reciente: es una de sus últimas creaciones. Para los hombres de hace tres siglos estaba desprovisto de significado: pero eran bárbaros ignorantes del progreso, que no sabían hacer la guerra tan bien como nosotros. El patriotismo es de una eficacia maravillosa para hacer olvidar a los hombres el recuerdo de la patria.

Satán acaba de inventar otro disfraz. Es un reformador social lleno de ideas generosas y seductoras y un economista distinguido. Está lleno de buena voluntad hacia los hombres, quiere arreglar más y más la pocilga. Se interesa por la justicia social, la reforma de “estructuras”, la defensa de la propiedad, el colectivismo, la prosperidad económica. Es alternativamente ahora reaccionario, ahora progresista. Es conservador, demócrata, fascista, marxista, ¿y qué más aún? Todo lo que altera, todo lo que embrolla, todo lo que desvía del Unico necesario, lleva agua a su molino: Producid, nos predica, para aumentar vuestras riquezas y vuestro bienestar, consumid para aumentar la producción. Id y llevad a los pueblos “retrasados” la buena palabra y la civilización. Despertad su concupiscencia: que el sol, la oliva y el dátil no les basten. Hacedles consumidores, productores, esclavos. Glorifica todas las obras humanas y el penoso trabajo de los hombres encadenados; habla de “redención” por el trabajo. ¿Quién dijo que era el simio de Dios? Quizás, en un rincón perdido, un sabio aislado aún se contenta con su jardín que Dios le ha dado en herencia y deja que trabajen para él el sol y la luna, el agua y la tierra. ¡Que Satán no lo descubra! Lo denunciará como un ser asocial que no tiene el sentido de la comunidad. Invocaría incluso la necesidad de practicar la caridad para forzar a nuestro sabio a entrar en la fila, en la agotadora danza de los locos. No está lejos el tiempo en que aquel que no tenga en la frente y en las manos la marca de la Bestia no podrá comprar ni vender. Ha conseguido incluso hacer desaparecer de nuestras regiones a los mendigos, pero no a la miseria y a la desesperación de los hombres.

En el nombre de la ciencia profana todo lo que toca. Viola las tumbas. Deshonra a la mujer. ¿No acaba de descubrir la generación artificial, este odioso simulacro de la partogénesis? El Hombre era hijo del amor. Dentro de pocos años ya no será cierto.

aldous huxley, brave new world

Brave New World (Un mundo feliz). Novela del escritor británico Aldous Huxley publicada en 1932 donde anticipa el desarrollo de la tecnología reproductiva, cultivos humanos e hipnopedia que, combinadas, cambian radicalmente la sociedad.

Satán es asegurador-consejero. Asegura contra todos los riesgos: robo, incendio, paro, enfermedad. Hace también seguros de vida. Es un pequeño tráfico muy productivo, pero que nunca ha impedido a nadie que muriera. Lo ha hecho tan bien que hemos perdido el sentido de esta palabra: “Vuestro Padre sabe lo que habéis menester antes que vosotros se lo pidáis“.

¿No son nuestras inauditas realizaciones de una naturaleza capaz de seducir, si se pudiera, a los mismo elegidos? Nuestra ciencia, nuestra técnica son prestigiosas respecto a los tiempos antiguos. Y sin embargo, nos sentimos cada día más solos, más inquietos por el día de mañana, más abandonados, más desprovistos. ¿Qué psicoanálisis podría pues romper el muro de la angustia que nos ahoga? Nos creemos civilizados: no somos más que bárbaros ignorantes, armados con técnicas terribles.

Somos huérfanos abandonados que han perdido incluso el recuerdo de sus padres y de su herencia, caídos cada vez más en un mundo vulgar y grosero que no estaba hecho para nosotros. Hemos sido recogidos y educados por esclavos sublevados; después de habernos impuesto sus concepciones de la vida, nos han encadenado a sus trabajos ilusorios.

El canto de la tórtola ya no despierta a los hijos de los Reyes.

El Hombre ha perdido el camino que conduce al palacio de su padre. Ya no sabe que había sido creado para reinar en la alegría, la fiesta y los juegos.

Ya no lo sabe, pero le queda una oscura nostalgia. Es por ello por lo que se esfuerza tan apasionadamente en reencontrar con sus propias luces, la felicidad perdida a causa de la caída. Pero sus luces son las de un esclavo rebelde. El veneno está en él, toda su ciencia no conseguirá jamás separar la vida de la muerte. Sus trabajos son tan ilusorios como los castillos de arena de los niños en la playa: cada marea los disuelve y sin embargo se esfuerzan vanamente en mantenerlos; después de cada desastre, un maestro de escuela pretencioso les induce a reanudar el mismo trabajo según un plan más perfeccionado.

¿No es ya tiempo, para aquellos que han comprendido, de abandonar este pequeño juego?

Con la perspectiva del tiempo, La Revolución francesa parece haber sido una etapa importante de la historia del mundo. Siempre ha habido en el hombre un trasfondo de rebelión incubándose como un fuego latente. Pero desde el siglo XVIII, ha tomado las proporciones de un vasto incendio que amenaza a todo el planeta. El 21 de Enero de 1793 caía en Paris bajo la cuchilla de la guillotina la cabeza del rey Luis XVI, último y desgraciado sucesor de los Faraones, de los Reyes de Israel y de Judá. Señalamos únicamente un hecho: la Monarquía de derecho divino que confiere la “santa unción” y el único fundamento legítimo del poder político, desaparecía para siempre. A partir de este momento, los hombres han renegado colectiva y públicamente de lo que viene de arriba para volverse únicamente hacia lo que está abajo. ¿Es una coincidencia? Desde esta época, los Sabios ya no han hecho hablar de ellos.

Hace ciento cincuenta años que padecemos todos sin discusión, el más mortífero de los dogmas: el del progreso científico. ¿Donde están sus beneficios?

¿El Hombre? Dividido interiormente, vampirizado, proyectado fuera de sí mismo en un carrusel infernal de tareas titánicas ofrecido periódicamente a apocalípticas matanzas.

¿La Sociedad? Disuelta, reducida a la esterilidad de la arena humana que los vientos acumulan y dispersan a su capricho en el desierto.

La materia, finalmente, desintegrada.

Se nos habla con angustia de una civilización amenazada. El futuro es más incierto que nunca y tenemos nuevas carnicerías. Los Sabios no dicen nunca: Forjad armas, estableced pactos. Dicen más bien: Convertíos al amor de Dios. Aquel que ha creado el cielo y la tierra hace todo lo que le place. Puede también, si así lo quiere, disipar las tormentas.

El hombre de hoy en día está infinitamente triste. Se lo toma todo en serio: el trabajo, la pobreza, la riqueza, el placer. Todo, excepto, la libertad en el amor y en la alegría. Esaú trocaba sus derechos de primogenitura por un plato de lentejas y nosotros hemos cambiado la almendra viva por las cortezas muertas.

Y habiéndole llevado el diablo encima de una alta montaña, en un instante le mostró todos los reinos de la tierra y le dijo: Os daré todo ese poder y toda la gloria de estos reinos; PUES ME HAN SIDO DADAS Y LAS DOY A QUIEN QUIERO” (Lucas IV-5).

Satán asegurador-consejero de la humanidad perdida, ¿Donde estarás en el día del juicio? ¿El día en el que la obra de cada cual será sometida a la prueba del fuego?

…Y será como un sueño, visión de la noche…

Como aquel que tiene hambre sueña que come,

Y al despertar su alma está vacía;

Y como un hombre que tiene sed sueña que bebe

Y al despertar está extenuado y aún sediento

Así ocurrirá con la multitud de todas las naciones

que andan contra la montaña de Sión…(Isaías XXIX-7)

por Emmanuel D`Hoogvorst, extracto de Ensayo sobre el Arte de la Alquimia.