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Orfeo representado en un mosaico romano

Orfeo representado en un mosaico romano

No es extraño que se interpreten erróneamente muchas parábolas y dichos de Jesús. Desde Orfeo pasando por Pitágoras, Confucio, Buddha, Jesús, Apolonio de Tiana y Amonio Sacas, ningún Maestro dejó nada escrito.

Confucio

Confucio

Todos y cada uno de ellos recomendaron silencio y sigilio sobre ciertos hechos y acontecimientos. Jesús encargó a sus discípulos que a nadie dijiesen que el era el Cristo (Mateo, XVI, 20). Cuenta Marcos (IV 11 y 12) que después de haberles contado la parábola del sembrador Jesús a los apóstoles, le preguntan los Doce por el sentido de las parábolas, lo cual Jesús responde las siguientes terribles palabras:

A vosotros es dado conocer el misterio del reino de Dios; mas a los que están fuera, todo se les trata por parábolas. Para que viendo, vean y no perciban; y oyendo, oigan y no entiendan; no sea que alguna vez se conviertan, y les sean perdonados los pecados.

Si estas palabras no se interpretan en el sentido de la ley de sigilo y de karma, evidenciarían aparentemente un espíritu egoísta y falto de caridad. Dichas palabras se relacionan con el terrible dogma de la predestinación. Las palabras “no sea que alguna vez se conviertan y les sean perdonados los pecados” no significa que Jesús temiera que por el arrepentimiento pudiesen escapar a la condenación los de fuera, según se desprende de la letra muerta, sino cosa muy distinta, es decir, “no sea que algun profano comprenda las enseñanzas encubiertas bajo parábolas” y por ello se haga capaz de “entender los misterios de la iniciación y aun de redcibir poderes ocultos“. “Convertirse” quiere decir obtener el conocimiento peculiar de los iniciados, y “que les sean perdonados los pecados” significa que sus pecados recaerían sobre el imprudente revelador que, a quien no lo mereciese, ayudará a cosechar lo que no sembró.

La tarea de propagar la verdad por medio de parábolas fué encomendada a los discípulos de los grandes iniciados, con el deber de acomodarse a la clave de las enseñanzas secretas, sin revelar sus misterios. Pitágoras por ejemplo, clasificó a sus alumnos en oyentes, exotéricos y esotéricos.

Una de las más poderosas razones de la necesidad de riguroso sigilo, nos la da Jesús mismo, si hemos de dar crédito al evangelista Mateo. Porque he aquí lo que se hace decir al Maestro (Mateo VII, 6):

No deis lo santo a los perros ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos; no sea que las huellen con sus pies y revolviéndose contra vosotros os despedacen

El mismo Maimónides recomienda el sigilo respecto del verdadero significado de los textos bíblicos, porque he aquí lo que dice el sabio filósofo hebreo:

“Quienquiera que descubra el verdadero significado del Génesis, cuide de no divulgarlo. Así nos lo recomendaron insistentemente todos nuestros sabios, en particular respecto de los seis días de la creación. Si alguien descubriese por sí mismo, o con ayuda de otro, el verdadero significado de los seis días, guarde sigilo, y si acaso habla, hágalo de tan oscura y enigmática manera como yo, dejando lo demás para que lo conjeturen quienes puedan comprenderlo”.

Maimonides

Maimonides

El rabí Simeón bar Yochai, compilador del Zohar, siempre comunicó solo oralmente los principales puntos de su doctrina, y tan solo a un corto número de discípulos. Por lo tanto, sin la iniciación final en la Mercavah, quedará siempre incompleto el estudio de la kabbalah; y la Mercavah sólo podrá aprenderse “en tinieblas, en solitario paraje, y después de varias y terroríficas pruebas”. Que dice por su parte la Kabbalah? leemos en el Zohar:

¡ Ay del hombre que tan solo ve en la Torah, esto es, en la Ley, simples recitados y palabras vulgares! Porque si en verdad contuviera eso únicamente, seríamos nosotros, hoy mismo, capaces de componer una Torah mucho más digno de admiración. Cada vocablo de la Torah encierra un profundo significado y sublime misterio. Los versículos de la Torah son el vestido de la misma. ¡ Ay de quien tome el vestido por la Torah!

En todos los países antiguos que por civilizados se tuvieron, hubo una doctrina esotérica, un sistema llamado genéricamente Sabiduría, a quienes se aplicaban a su estudio y fomento se les dió el nombre de sabios…Pitágoras llamó a este sistema Gnosis o conocimiento de las cosas que son. Los antiguos maestros, los sabios de la India, los magos de Persia y Babilonia, los videntes y profetas de Israel, los hierofantes de Egipto y Arabia y los filósofos de Grecia y Roma, incluían en la noble denominación de Sabiduría todo conocimiento de naturaleza para ellos divina, distinguiendo una parte esotérica, y una parte exotérica.

La Doctrina Secreta, H.P. Blavatsky