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Om

Om

Aquel que pretende oir la voz del Nâda (el silencio hablante) y comprenderla, tiene que aprender la naturaleza de Dhâranâ (vaciar la mente).

La voz del Nâda refiere al maestro interno que cada uno de nosotros posee, pero para poder acceder a él, es necesario librarnos de todo tipo de interferencias. Vivimos en un mundo cargado de estímulos constantes, lo que hace que focalicemos nuestra atención en vanalidades y nos separe de lo verdaderamente esencial. Tal y como se plantea, es necesario calmar y dominar la mente para acceder a ese Maestro interno que todos poseemos. A través de Dhâranâ (el poder de la meditación) lograremos abstraernos de todas las cosas pertenecientes al mundo de los sentidos.

Habiéndose vuelto indiferente a los objetos de percepción debe el discípulo ir en busca del Râja (rey) de los sentidos, el productor del pensamiento, aquel que despierta la ilusión (la mente).

La Mente es el gran destructor de lo Real. Destruya el Discípulo al Destructor.

En cuanto hemos logrado por medio de la meditación (Dhâranâ) abstraernos del mundo de los sentidos, debe quien medita, “eliminar” la mente y asi ingresar en los jardines de la Sabiduría. Se menciona a la Mente como la gran corruptora del hombre, la que nos aleja de la fuente primaria (Sabiduría), la que nos corrompe a través de la ilusión de los sentidos, es decir, de lo falso o no verdadero.

Cuando su propia forma le parezca ilusoria, como al despertar, todas las formas que en sueño ve.

Somos los directores de nuestra vida. La vida es como una gran obra de teatro donde podemos elegir que rol desempeñar dentro de la obra. Podemos elegir entre ser un actor secundario, el mismo decorado de las escenas, el protagonista, el guionista, o aún mejor, el mismo director. Sólo nosotros mismos tenemos la autoridad o capacidad para elegir que papel deseamos interpretar dentro del gran teatro de la vida. La vida, nos confiere capacidad de elección. A medida que nos hacemos conscientes de esta cualidad creadora, nos convertimos en dueños y poseedores de nuestro propio destino, es entonces cuando sabemos con certeza que este gran teatro es pura ilusión

Cuando haya cesado de oír los muchos sonidos, entonces podrá discernir el UNO_el sonido interno que mata al externo.

El ruido es una constante, se traduce como distracciones para el alma. Como especie, somos materiales dentro del mundo de las formas, por lo tanto limitados. Sin embargo es a través de la materia que logramos elevar nuestra esencia, es decir, la vida es una experiencia única la cual nos permite elevarnos a las cualidades del Creador. Si aún estamos materializados es porque aún necesitamos trascender nuestro espíritu hacia el UNO, la vida es un camino evolutivo hacia la raíz y origen de todo. Es el camino del despertar, es decir, dejar que sea nuestro oido interno (la más pura esencia) quien nos guíe en el camino del recordar quienes somos en realidad.

Solamente entonces, y no antes, abandonará la región de Asat, lo falso, para entrar en el reino de Sat, lo verdadero.

Domina la mente, alcanza Sabiduría; la dualidad (bien-mal, negro-blanco, positivo-negativo) desaparece, conecta con la esencia del UNO, es decir, con lo eternamente verdadero.

Antes de que el alma pueda ver, debe haberse alcanzado la Armonía interna, y los ojos carnales deben permanecer ciegos a toda ilusión.

Antes que el alma pueda oír, es menester que la imágen (el hombre) se vuelva tan sorda a los rugidos como a los susurros; a los bramidos de los elefantes furiosos, como el zumbido argentino de la dorada luciérnaga.

Solo cuando hemos evadido la mente de todo tipo de distracciones materiales/sensoriales, seremos capaces de acercarnos a la verdadera esencia, la voz más interna del Yo, es decir, hacernos invisibles al mundo de las formas que tanto nos confunde.

Antes que el alma pueda comprender y recordar, debe estar unida al Parlante Silencioso, de igual modo que la forma en la cual es modelada la arcilla, lo está al principio con la mente del alfarero.

Porque entonces el Alma oirá y recordará. Y entonces el oideo interno hablará

La Voz del Silencio

Es de suma importancia saber que comprender es un proceso de recordar quienes somos. Los niños son el mejor ejemplo de pureza. En cuanto nace un bebe, está libre de ruido, de interferencias o bien, de patrones adquiridos. Es lo más cercano a la claridad de la esencia. A medida que va creciendo, va imitando ( aprendemos por medio de la imitación) patrones sociales y familiares. Somos un reflejo de la sociedad en la que habitamos. En cuanto creemos que aprendemos (imitando) nos acostumbramos a lo que hemos aprendido. Por eso, cambiar viejos hábitos es un proceso que requiere de esfuerzo y voluntadpara hacerlo.

La vida es un proceso de recordar. En cuanto nacemos, sabemos en esencia los ques y porques que tanto nos cuestionamos a lo largo de nuestras vidas (quien soy?, cual es mi papel a desempeñar en la vida?, etc). Crecer no es nada fácil, ya que tal y como vivimos hoy en día, es olvidar nuestra esencia, perder la conexión con lo divino, alejarnos d nosotros mismos. Tal y como lo plantea el texto, el objetivo es lograr mediante la práctica de la meditación (Dhrânâ) aquietar nuestras mentes de todo tipo de estímulos contaminantes para el Alma. Sólo así recordaremos cuál es el propósito de mi paso por la tierra.

Comprender es recordar, porque entonces el Alma oirá la voz interna de la Sabiduría, la Voz del Silencio

Madame Blavatsky

comentario por Daniel Andrés Ospina López