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las 231 Puertas

las 231 Puertas. 231 líneas que conectan las 22 letras

“Veintidós letras Fundamento: Las grabó, talló, permutó, pesó, transformó. 

Y con ellas dibujó todo lo que formó y todo lo que formará”  Sefer Yetzirah 2.2 

En el Evangelio de San Juan, versículo primero, dice:

“En el Principio era el Verbo, 

y el Verbo era Dios, 

todo estaba al principio en Dios…” 

El Verbo, primer sonido, Vibración, que hace vibrar la NADA, para que de ella surja lo que debe ser emanado, creado, formado y hecho; lo que conocemos por mundo físico.

Para ello, el Santo Bendito Sea, utiliza 22 energías que están representadas por las 22 letras del Alfabeto Hebreo, llamado Alef-Bet

Estas 22 letras son “las grandes letras de lo alto”, es decir, las energías divinas emanando del Verbo, proferidas por el Santo Bendito Sea y que vienen a modelar toda la Creación. Este Verbo emana de sí mismo los sonidos y forma las 22 letras, “las pequeñas letras de abajo”.

Se escriben de derecha a izquierda, porque según la Tradición los hebreos, siguiendo el Esquema de las Energías reveladas en el Árbol de la Vida, comenzaban a escribir apoyados en la Columna del Rigor para terminar sobre la de la Misericordia, pues todo nace del rigor de la Ley y acaba en la manifestación de la Misericordia Divina.

Esto es así teniendo en cuenta que este Árbol de la Vida es la representación del Ser Humano. En nuestro lado izquierdo está asentada la Columna del Rigor y en nuestro lado derecho la de la Misericordia, siendo el punto central y de equilibrio entre ambas, el Corazón.

J.D. Mylius, Anatomia auri, Francfort, 1628

J.D. Mylius, Anatomia auri, Francfort, 1628

Por ello todo el alfabeto está marcando un camino que indefectiblemente pasa por esa columna central, de equilibrio, Camino Cardíaco, que une el Rigor y el Amor en una acción Amorosa de Justicia, manifestándose a través de esas veintidós energías representadas por el alfabeto hebreo.

En los dos libros fundamentales de la Kábala, el Zohar y el Sefer Yetzirah, se nos explica cómo Dios se sirvió de ellas para llevar a cabo su Creación; todas y cada una de ellas, dice la Tradición, se presentaron ante Él y a cada una le fue dando una explicación del por qué no podía presidir la Creación, hasta que se valió de la segunda letra, la Bet (“), de valor 2 y de significado Casa, para que fuera ella la que iniciara la Creación, no en vano ella es la Casa misma que alberga la Luz Infinita y la que da idea de dualidad.

Así pues, la primera letra de la Torá es la Bet, Casa, que alberga lo Infinito y lo hace visible y aparentemente finito por la dualidad; letra que evoca un principio, como inicial que es de la palabra Bereshit, que quiere decir “En el Principio”. A partir de este principio cada una de las 21 letras restantes, cumplirán su función para permitir que este principio sea llevado a fin en un mundo concreto y físico en el que nos desenvolvemos. Estudiar y comprender lo que cada una de ellas simboliza y correr el velo de las apariencias, para caminar por este camino del Corazón que nos lleva, como al Hijo Pródigo, de regreso a la Casa del Padre.

En la Torá misma se nos dice que no hay más camino que el del Corazón, y este está representado, en el esquema del Árbol de la Vida, por esos 22 senderos, 22 letras, 22 experiencias, que el hombre debe vivir y asumir, y por 10 esferas o atributos divinos.

Si nos vamos a buscar la última palabra, con la que termina la Torah, vemos que es Israel, vemos pues que la última letra es la Lamed. Esta letra unida a la primera, la Bet, forman la palabra Lev (corazón), y si sumamos sus valores numéricos, 2 (Bet) + 30 (Lamed), nos da el valor de 32.

10 esferas y 22 Senderos de Sabiduría. Ese es el Camino del Corazón, ese es el mensaje de toda la Torah, no hay más camino, no hay más senda a caminar que la del Corazón.

Y esta senda es la del Servicio. El kabalista es un servidor, porque es consciente de que todos sus logros en el Camino de Retorno deben ser para el bien común; su consciencia debe ser la de Unión con Todo, por tanto no se siente ajeno a cuanto acontece a su alrededor. Él pone todo su conocimiento, entendimiento, sabiduría, amor, al Servicio de la humanidad entera, porque “sabe” que en la medida en que él se eleve, todos se elevan con él.

Nada le es ajeno y su campo de desenvolvimiento espiritual es el mundo físico o Máljut, porque en él busca y encuentra a Dios.

El kabalista utiliza estas 22 energías, o letras, para construir un templo, templo físico que es él mismo.

En la Tradición, se emplean las letras para construir dicho templo. Se medita con ellas, se visualizan, las contempla, las dibuja…, por ello es tan importante la proclamación diaria de sus oraciones, visualizando además su forma escrita.

Como siente la unión con todo, lo proclama diariamente con la oración llamada “Shemah”, proclamación de Unidad con Dios y con todas las cosas.

Tanto en el Evangelio de Juan como en el Génesis, se nos dice que la Palabra es el poder por medio del cual Dios crea el mundo, por tanto las 22 letras son los canales de la energía que sustenta el Universo. Puesto que el ser humano está emanado, creado, formado y hecho por estas mismas energías, la meditación sobre las letras es la fórmula que el kabalista utiliza como medio de unión con toda la Creación, y es en este contexto que las letras se utilizan, no como lenguaje de comunicación, sino como vehículos para la experiencia del Uno, del Ser puro.

Es pues el alfabeto hebreo, para el Kabalista, una herramienta adecuada, en la que se condensa forma, número y dimensión.

Robert Fludd - The Mirror of the Whole of Nature and the Image of Art

Robert Fludd – The Mirror of the Whole of Nature and the Image of Art

Para poder entrar dentro de este alfabeto hay que saber “mirar fijamente”. Cada una de las letras es una forma de recoger la mente, luego hay que salmodiar, cantar repetidamente para inducir a la meditación, y luego “escuchar” a través de la repetición de los sonidos, oír, escuchar la voz de Dios en Todo.

El maestro Baal Shem Tov les decía a sus discípulos: “No tienes que ser otra cosa que un oído que oye lo que el Universo de la Palabra está diciendo constantemente dentro de ti. En el momento mismo que empieces a oír lo que te estás diciendo a ti mismo, debes detenerte”.

Para el Kabalista es importante prestar idéntica atención a la oración, al canto de los pájaros, a la lluvia, o a un hermano en la calle, puesto que todo es UNO, como le recuerda cada día la oración de la Shema:

“Escucha Ishrael, el Señor es tu Dios, el Señor es UNO”. 

por MariCarmen-Rajel Blasco 

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