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La luz es la Mente, el primer Dios, que fué antes que la sustancia acuosa que apareció de la oscuridad, y la Palabra (milah) que surgió de la luz es hija de Dios.

La Mente es padre de la palabra y no están separadas el uno de la otra; pues la vida es la unión de la Palabra y la Mente.

La primera Mente, que es vida y luz, dió nacimiento a otra Mente, una hacedora de cosas.

Esta Mente hacedora de cosas hizo de fuego agua siete Administradores, que rodean con sus órbitas el mundo percibido por los sentidos. Su administración se denomina destino.

Inmediatamente la Palabra de Dios saltó hacia arriba, desde los elementos de la naturaleza de tendencia descendiente y se une con la Mente, la hacedora; pues la Palabra era consustancial a la Mente.

Los elementos de la naturaleza de tendencia descendiente fueron dejados desprovistos de razón, de modo que fueran solo materia.

Y la Mente (hacedora), operando conjuntamente con la Palabra y rodeando las órbitas de los Administradores, impuso un movimiento circular a los cuerpos que había hecho, y les hizo viajar desde un punto de partida no fijo hasta una meta no determinada.

Su revolución inicia donde se termina

Y la naturaleza (como la Mente hacedora) produjo a partir de los elementos de tendencia descendente animales carentes de razón; pues ella ya no tenía Palabra.

El aire produjo pájaros, el agua produjo peces.

Tierra y agua se habían separado produciendo la Tierra criaturas de cuatro patas y cosas que se arrastran, bestias salvajes y dóciles.

Pero la Mente (el Padre de todo) que es vida y luz, dió nacimiento al hombre, un ser semejante a sí mismo. Y Dios entregó al hombre todas las cosas que habían sido formadas.

Y el Hombre tomó lugar en la esfera del Hacedor y observó las cosas establecidas sobre la región del fuego. Habiendo observado la creación del Hacedor en la región del fuego, quizo hacer cosas por su cuenta, dándole permiso su Padre en todo el operar de los Administradores. Los Administradores hallaron deleite en él y cada uno de ellos le proporcionó una porción de su naturaleza.

Quizo además atravesar el círculo de sus órbitas; miró hacia abajo a través de la estructura de los cielos mostrando a la Naturaleza de tendencia descendente la forma de Dios. Vió la Naturaleza la forma de Dios y sonrió con amor hacia el Hombre, mostrando en el agua el reflejo de esa forma y en la tierra su sombra.

Y él, viendo que era semejante a la suya, en tierra y agua, la amó y quizo vivir en ella. Y tomó el Hombre como morada la materia desprovista de razón. La Naturaleza, lo envuelve en su abrazo y se mezclan en uno solo; estaban enamorados el uno del otro.

Por esta razón, el Hombre, a diferencia de todas las demás criaturas vivientes sobre la tierra, es de naturaleza dual. Es mortal en razón de su cuerpo. Es inmortal en razón del Hombre de sustancia eterna. Está sometido al destino y dominado por los deseos carnales y el olvido.

Pero la Naturaleza al mezclarse en matrimonio con el Hombre, produjo una maravilla de maravillas. Por cuanto el Hombre, obtiene de la estructura de los cielos el carácter de los 7 Administradores que fueron hechos de fuego y aire; la Naturaleza da nacimiento a 7 Hombres. La Naturaleza produjo sus cuerpos, la tierra fué el elemento femenino y el agua el elemento masculino. Del éter reciben su espíritu vital (Aliento Santo). Su parte incorpórea fué hecha según la forma del Hombre. Y el Hombre cambió de la Vida y la Luz al Alma y la Mente. Alma a partir de Vida y Mente a partir de Luz.

Después de un período, por designio de Dios, fueron todas las criaturas vivientes partidas en dos. Los separó en macho y hembra.

Y que el Hombre, que es poseedor de Mente, reconozca que es inmortal; ha de saber que la causa de la muerte es el deseo carnal, porque aquel que ha de reconocerse a sí mismo entra en lo bueno.

El Padre de todo es luz y vida, y es de Él que ha brotado el Hombre. Si por lo tanto estando hechos de vida y luz reconocemos que estamos hechos de ellas, volveremos a la vida y a la luz.

Corpus Hermeticum